El jueves pasado, Núria Fonts Mateo y Jose Salgado facilitaron un taller con un grupo de adolescentes que, en su mayoría, no se conocían entre ellos.

Muchos llegaban con redes relacionales débiles, algo de aislamiento, contextos familiares complejos. El objetivo no era enseñarles una técnica: a estos chicos, una hora y media de presentación no les resuelve ningún problema.

Necesitábamos generar experiencias y herramientas que pudieran aplicar de forma efectiva. Crear un espacio donde pudieran confiar en el grupo lo suficiente como para exponerse delante de él y aprender en el proceso.

Lo hicimos con una herramienta muy simple: cada grupo recibía un reto social que muchos de ellos ya habían vivido —defender a alguien que está solo, pedir perdón, poner límites a un amigo— combinado con restricciones que forzaban la creatividad, como incorporar de forma obligatoria un objeto concreto: un paraguas, unas gafas.

Nos interesaba el proceso de preparación, no si actuaron bien. Qué retos afrontaron al recrear la situación. Si les recordaba alguna vivencia personal. Cómo lo superaron. Qué recuerdo se llevan del proceso para aplicarlo a la vida real. La reflexión no juzga el resultado, abre el proceso.

Cerramos todos en círculo: cada persona recibió al menos tres cosas positivas dichas por el resto del grupo. Para muchos, la primera vez que alguien les devolvía eso en voz alta.

Este es el método Ona Mind. Muévete desde dentro: entrenamiento experiencial y medible, no una charla motivacional. La confianza no se pide, se construye con estructura, tiempo y un entorno donde nadie te juzga por intentarlo.

Si diriges un centro, una entidad social o un club y quieres conocer cómo funciona el método, escríbenos a info@onamind.net.

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